LA REALIDAD ESPANTOSA DE LA CRISIS MIGRATORIA
Estamos en el año 2015.
Nos situamos a finales de un verano lleno de incertidumbre. El continente europeo viene de ser golpeado por un movimiento migratorio rara vez presenciado. Bombardeado diariamente por noticias en todas las plataformas de comunicación, siguiendo en desarrollo la acción, es imposible pretender a no reconocer que Europa está en plena crisis migratoria. Con creciente conciencia pública de la situación política o de las medidas adoptadas por los gobiernos con propósito de dar consuelo a los habitantes europeos de que habría una solución para reducir influjo y de que la seguridad de los ciudadanos no será comprometida – una preocupación sustancial de los habitantes de países recibiendo la mayoría del movimiento, por ejemplo, Italia, España, Grecia. Las escenas de inmigrantes llegando a las orillas del continente con incomparable felicidad y alivio para poder tener una oportunidad de escapar sus realidades inminentes de conflicto o incertidumbre política son numerosas.
Mientras que los individuos están llegando en sus millares, existen aquellos que desafortunadamente no vivían a ver este día por lo cual arriesgaron todo. La fotografía que puso cara a la crisis migratoria, extremadamente chocante, que se publicó en muchas noticias internacionales, llamaba la atención urgente a la situación de estas personas, mostrando la fragilidad del ser humano.
Un niño. Tiene no más de cuatro años. Su cuerpo inerte, arrastrado por las olas del mar hasta su lugar de descanso en la orilla de un centro turístico de Turquía. Ahogado durante la trayectoria hacia la isla Greca de Kos. Esta fotógrafa representa a todos esos individuos que arriesgaron sus vidas en busca de una cambia de realidad, en busca de la felicidad, en busca de prosperidad que no llegan a tener. Ésta es la realidad espantosa de la crisis migratoria europea.

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